Post Bodas & Trash the Dress
La Paz, Bolivia
Monica & Marcos
Las montañas no explican nada, y aun así lo dicen todo.
Están ahí desde antes de cualquier nombre, observando sin juicio, recordándonos que la prisa es una invención reciente.
Cuando una pareja se detiene frente a ellas, ocurre algo curioso: el ruido interno baja el volumen. No porque los problemas desaparezcan, sino porque cambian de escala. Lo que parecía urgente se vuelve pequeño. Lo que parecía eterno, negociable. La montaña no aconseja, pero ordena.
Su misticismo no está en lo sobrenatural, sino en la perspectiva. Obliga a levantar la mirada, a enderezar el cuerpo, a respirar más lento. Frente a esa inmensidad, dos personas no se sienten menos; se sienten más precisas. Más conscientes de estar ahí, juntos, por decisión y no por inercia.
Las montañas enseñan algo incómodo y necesario: nada se conquista sin esfuerzo, y nada valioso se alcanza solo. Caminar acompañado no hace el camino más corto, pero sí más verdadero. Hay pasos que se ajustan, silencios que se respetan y miradas que dicen “sigamos” sin necesidad de palabras.
Tal vez por eso inspiran tanto respeto. Porque no prometen felicidad, prometen claridad. Y en un mundo que confunde velocidad con sentido, esa claridad ya es una forma profunda de misticismo.
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